Que nunca iba a morir lo supo desde niño. El castillo, los padres y los gatos, acabarían pasando. Y él permanecería. Los que iban a morir no querían comprenderlo y, en cambio, para él resultaba sencillo.Nació junto a una espada; se crió en un caballo; apoyado en una lanza contempló muchas tardes como el sol se tumbaba, muerto, sobre Castilla. Se hizo hombre peleando. Una enorme cicatriz en la espalda y una mano sin dedos no le hicieron dudar de su destino. En la frontera mora, desde Arcos a Xerez, su leyenda creció de boca en boca. Le gustaba con locura el laúd. Un hacha musulmana le rebañó los dedos de una mano una tarde de abril. Volvió a casa chillando, amarrado en un carro. Solo en la torre, atalayaba el campo desde el alba al sombra, el mastín a los pies, la mano envuelta en cueros, agarrado al laúd...
la música es la izquierda
le escucharon decir.
la derecha ejecuta, pero la izquierda sueña...
Amó a cuatro mujeres. Desvirgó a más de cien. La sangre de los virgos le inspiraba tristeza y ternuras.
Gigante de tamaño, de corazón enorme, murió antes de los treinta. Pero Niño fue un hombre de los que ya no quedan. Jamás tendrá Castilla otro estandarte como aquel inmortal que murió sin saberlo. Sin creer que moría. Como mueren los hombre verdaderos. Los Queridos del Mundo.
Coda: Hoy he abierto al azar una página, de un libro nuevo, y me ha contado ésto. No pudo ser.
Estoy trabajando.
LGM!)
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